Manifiesto del Glorioso Partido Colorado

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Asociación Nacional Republicana
Partido Colorado
El Manifiesto de la Asociación Nacional Republicana
del 11 de setiembre de 1887
al pueblo de la República.


    El Partido Nacional Republicano es una agrupación de ciudadanos que animados de un sentimiento común,el de la prosperidad y engrandecimiento de la patria, dirigirá todos sus anhelos a hacer efectivos los grandes propósitos consignados en el bello preambulo de la Constitución Nacional.

    NO hace mucho nuestro partido obedeciendo a principios de afección pasajera y personal, ni tampoco data su existencia de ayer, cuando resolvimos constituirnos en asociación política. Los elementos que componen han mancomunado más una vez sus fuerzas dispersas para mantener la bandera de los principios , a cuya sombra se han cobijado los buenos para defender la libertad, la justicia y el derecho. He ahí su gloriosa cuna en el pasado, he ahí su más legítimo timbre en el porvenir para aspirar al aprecio y simpatía sinceros del noble y heróico pueblo paraguayo.

    Vinculados por tradiciones honrosas, confundidos en un solo propósito para levantar el país de su penosa y prolongada postración, consagrados a las ardúas tareas de una labor común para asegurar el bienestar general de la comunidad, no hay poder que pueda quebrantar la cadena de unión que nos liga, porque ella está afianzada por los deberes del compañerismo en la persistente lucha por el bien,estáaliemtnada por los sentimiento de una misma fe, y fortificada por los indisolubles lazos de la concordia y la fraternidad.

    Nuestro programa se resume en dos palabras: paz y respeto a nuestras instituciones.

    El sentimiento del orden y la tranquilidad pública, que sólo se puede conseguir mediante el acatamiento al principio de autoridad basada en la justicia, es la causa más poderosa de los progresos que hemos conquistado en estos últimos tiempos. La paz interna es una necesidad imperiosa para desenvolver el comercio, la industria y la agricultura como fuentes  más preciosa de nuestra riqueza y prosperidad, la paz es una garantía efectiva para la seguridad, el trabajo y el capital, y es también uno de los baluartes de la libertad. Exceptuando los raros casos en que se justifican las revoluciones, las conmociones intestinas siempre serán un peligro permanente para los intereses públicos bien entenidos y una amenaza a las libres instituciones.

    Al adoptar la forma de gobierno republicano, hemos consagrado, en un sublime código, los principios eternos que deben regirnos en nuestra organización política y allí estan claramente enumarados los deberes y derechos del ciudadano. La Constitución es el sagrado decálogo de los pueblos libres:

    Venerar este evangelio político, cumplir estrictamente sus prescripciones, es amar y servir a la causa verdadera de la libertad, es rendir el más señalado servicio al país dando ejemplo  elevado de virtud cívica y patriotismo.

    La Soberanía popular es el gran fundamento de la República. El pueblo se ha reservado el derecho de designar los mandatarios que han de dirigir sus destinos elevando a los puestos públicos a ciudadanos honestos e idóneos, capaces de hacer su felicidad y de establecer en el país el reinado de la justicia y la moralidad política.

    Consecuentemente con este principio democrático que impone a cada ciudadano el deber de velar por la buena marcha de la administración y de defender las libertades públicas nos proponemos llevar a la representación a aquellos que respondiendo a las ideas enunciadas, sean la expresión genuina de la voluntad popular, haciendo que predomine la opinión pública, antes que las influencias de elementos ilegítimos ejercidas por círculos de dudosa significación política, sin títulos ni antecedentes a la consideración pública.

    Para la consecución de estos propósitos mantendremos firme e inviolablemente la libertad del sufragio, de la palabra , de la prensa, de la reunión como condiciones esenciales para asegurar el ejercicio tranquilo de los derechos políticos, en la esfera de la ley y del orden, para alcanzar a realizar la gran divisa republicana "el gobierno del pueblo por el pueblo".

    Asegurar las conquistas del progreso a que felizmente ha cooperado nuestro partido con decidida constancia y fe en el porvenir, promoviendo todas aquellas medidas que favorezcan al comercio, la agricultura y la inmigración, el planteamiento de nuevas industr ias, la construcción de ferrocarriles y telégrafos, el mejoramiento de nuestra campaña por medio de leyes sabias y protectoras, y finalmente toda la Reforma que tienda a operar un cambio benéfico en nuestra situación económica y en el bienesar moral y material del pueblo, serán los objetos preferentes de nuestros trabajos, emprendidos ya con tan buen éxito en obsequio a los intereses públicos y dispuestos ahora más que nunca a proseguirlos con inconstrastable voluntad.

    Agrupemos pues nuestras fuerzas para que unidos todos bajo una misma enseña podamos realizar las santas aspiraciones de nuestros programas, en bien del pueblo a cuyas filas nos honramos de pertenecer, conservando en nuestra fe, pura e inextinguible, como grandiosa es la excelsa idea de la patria.

    Asunción, 11 de setiembre de 1887.
     
     

    Bernardino Caballero
    Presidente
     

    Juan G. González
    Secretario